

Cuarenta y ocho horas antes del fatídico día, José entraba en pánico porque, gracias a su propio engaño, aún no había tocado siquiera el material de estudio y, por supuesto, el tiempo que le quedaba era insuficiente.
Si esta pequeña historia te suena conocida, es porque también te cuesta “tomar el toro por las astas” y –aunque probablemente no hayas llegado nunca al extremo de nuestro José– te ha pasado alguna vez llegar a desesperarte por no haber comenzado a tiempo algo que sabías que debías hacer.
Desde ya que no es un consuelo, pero al menos tranquiliza saber que es tan común el síndrome de “patear” para adelante todo lo que huela a obligación, que hasta tiene un nombre: procastinación.
Técnicamente, el término define a la acción de postergar actividades o situaciones consideradas hostiles, a favor de otras más divertidas o que generan menos ansiedad. Proviene del latín pro (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).
Las excusas con que los procastinadores crónicos, esos que siempre están por empezar la dieta o el gimnasio, abandonar el cigarrillo o cualquier otra actividad que requiera voluntad y determinación, son muchas, pero no tan variadas. A veces es la pereza o el desgano, otras llegan a afirmar que “trabajan mejor bajo presión” y están los que se cansan de antemano frente a una tarea sin comenzar, tanto que les produce miedo.
Como sea y con o sin pretextos, a todos nos costó alguna vez sacarnos de encima una obligación.
Te preguntamos: ¿Sos de dar muchas vueltas antes de encarar eso que “tenés que hacer? ¿Qué cosas procastinás? ¿Rendir una materia? ¿Terminar una relación? ¿Qué elegís hacer en lugar de la tarea? Cuando finalmente lo hacés ¿pensás que hubiera sido más fácil si encarabas todo antes?
Dejanos tu comentario.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario